DESDE LOS OJOS DE LA TUZA
DESDE LOS OJOS DE LA TUZA
Unos días antes, yo ya había notado algo raro en él, llevaba ya varios días como enfermo, casi no salía de su cuarto, ni tampoco permitía muchas visitas, yo era privilegiada pues yo también dormía ahí. Yo me levantaba lo saludaba con un beso y esperaba a que saliera, pero el salía muy poco, casi que a solamente a comer, por momentos incluso se veía que estaba más cansado que hambriento, yo tenía que salir un poco a tomar el sol y a dar unos pasos en el patio, a sentarme frente al escritorio, pero conforme fueron pasando los días todo comenzó a ponerse peor. Desde el viernes yo noté algo diferente en su rostro, también se notaba su estado de ánimo, en su voz, pero su rostro parecía estarse quedando sin expresión, él se quejaba de no tener fuerza en los pies, yo pensé que era simplemente que seguía un poco debilitado por que estaba enfermo. Pero esa noche comenzó la pesadilla, yo me había quedado con la señora en la sala, mientras ella estaba acostada viendo la tele, el cansancio me venció y me quede dormida en el sillón contiguo. A media noche no sé si fue un instinto, mis sueños o algún ruido, pero algo me despertó y de inmediato sentí que debía de ir a ver que estaba pasando en el cuarto. Al entrar vi en medio de la obscuridad que él no estaba en la cama, y por el contrario vi que la luz del baño estaba encendida, conforme me fui acercando escuche que estaba vomitando, al entrar lo vi sentado en el suelo y volviendo el estómago, se le veía mal, yo me asuste y lo primero que hice fue comenzar a vociferar. De inmediato la señora de la casa quien también se había dormido en la sala, se despertó y fue a ayudarle. Yo me sentía impotente de no poderlo ayudar, pero me quede ahí a su lado. No se podía levantar, y casi que arrastrándose fue que llego de nueva cuenta hasta su cama. Muy temprano en la mañana llegaron los señores y se lo llevaron, cuando se iba volvía notar algo muy extraño en su rostro, y cada paso que daba se veía que sus pies dejaban de responderle. Ese día lo paso en cama, yo veía que los señores entraban, el otro chico del otro cuarto también se asomaba seguido para ver como estaba, yo entraba y salía, quería estar al pendiente, pero no quería incomodarlo ni molestarlo. El domingo amaneció con esa estela de tristeza y con ese toque de hibrides que suelen tener algunos domingos. En la mañana volvieron a salir, él ya no podía caminar lo llevaban en una silla con ruedas que a mí me impactaba y me daba un poco de miedo pero no tardaron mucho en regresar. Yo me tire unos momentos a tomar sol, solamente para tratar de pensar en lo que le estaba sucediendo, pero no encontraba respuestas, antes de las cuatro de la tarde de pronto vi que estaba sin fuerzas, y el otro muchacho le ayudaba a poner algunas cosas en su maleta, se lo llevaron en la silla, antes de irse pidió que lo detuvieran frente a mí, yo estaba muy asustada, le di un beso, de pronto ya se había ido, no supe a donde, ni por cuanto tiempo, solamente nos quedamos yo y el señor de la casa. En cuanto salió a los dos se nos pusieron los ojos llorosos, yo me fui al lugar donde solía irme siempre que necesitaba estar sola, al rincón donde tienen la computadora, y ahí me quede. No sabía que pensar, me sentía triste, preocupada y sobre todo sentía una enorme incertidumbre por saber que le estaba pasando. A partir de ahí, el tiempo comenzó a pasar muy lento, nadie me decía nada, hasta que ya cuando estaba cayendo la noche se escuchó un auto, yo me asomé para ver como venía, pero para mi sorpresa solo habían regresado el muchacho y la señora, yo ingenuamente buscaba en el auto esperando que él viniera ahí, pero no era así, por el contrario los dos que si venían ,se veían preocupados y tristes, yo sabía que no había muerto, pues algo en mi interior se enteraría si eso pasara, pero en ese momento supe que algo serio estaba pasando.
Luego de que hicieron algunas llamadas, el muchacho se me acercó, se sentó junto a mí, y comenzó a acariciarme, se le escurrían las lágrimas, en una de esas antes de levantarse, me miro a los ojos y me dijo que todo iba a estar bien, que le mandara buenas vibras y que esperaba que pronto estuviera de nueva cuenta con nosotros, la noche pasó lento, entre murmuros y con la luz de las velas todos nos fuimos a dormir, esa noche yo supe que todos, incluyéndolo a él, poseíamos lágrimas en los ojos. Al siguiente día yo me levante con la novedad de que además de lo que le estaba pasando a él, yo también traía una infección en mi ojo, y conforme fue pasando el tiempo se fue complicando también.
A partir del lunes el orden normal de la casa se vio completamente afectado, el señor ya no salía ni de su cuarto, la señora siguió quedándose en la sala, el muchacho quien siempre estaba encerrado en su cuarto, ahora tenía la puerta siempre abierta, y yo que normalmente dormía en el cuarto acompañada, ahora lo hacía sola. Los primeros días en que no estuvo fueron días muy grises, la señora y el muchacho salían a media mañana y regresaban en la tarde, nadie venía a visitar, éramos solo nosotros y en el aire se respiraba una tensión y una melancolía dignas de hacer llorar a cualquiera, mis otros amigos que vivían en los alrededores parecían no haberse enterado de nada, pues ellos seguían con su vida relativamente normal. El teléfono sonaba mucho, yo no entendía lo que decían, hasta que el martes en la mañana muy temprano sonó el teléfono, a mí me despertó, el muchacho pues fue quien atendió, cuando colgó la señora le pregunto quién era, a lo que él respondió con un nombre yo identifique que había dicho su nombre, así que salí corriendo y entre a su cuarto esperando que me pudiera dar alguna noticia sobre él, pero en cuanto llegue me di cuenta que hablaba de su tío que llevaba el mismo nombre que él. Tampoco entendía los rituales que comenzaron a hacer todas las tardes, en un cuarto obscuro, con vela y diciendo plegarías que yo jamás había escuchado.
Conforme pasaron los días el problema en mi ojo se fue complicando hasta llegar a ser una infección bastante molesta, supongo que la ansiedad y la tristeza de su ausencia me habían afectado para que me pasará lo del ojo, así que cuando me vio la prima que es doctora me comenzaron a poner gotas para los ojos, yo con más razón me deprimía y me quedaba sentada en el rincón de la computadora. Lo más desesperante para todos era no saber que estaba pasando, para él, para la señora y el señor, para el muchacho, y sobre todo para mí pues yo no podía entender lo que decían. Un día en la noche de pronto escuche un motor que venía a lo lejos, sonaba como el auto que él normalmente conducía por lo que mi corazón brincó de alegría pensando que la agonía había terminado y que ya iba a poder verlo de nueva cuenta, así que salí moviendo las caderas de un lado para otro, lista para brincar a sus brazos de alegría, la luz se prendió y para mi ingrata sorpresa era solo el muchacho, quien estos días se había portado muy cariñoso conmigo, pero mi desilusión al ver que no era él fue tal, que simplemente fui a saludarlo con un beso y me regrese a estar triste en mi rincón.
Hubo otro día en que yo estaba desesperada, mi ojo me molestaba, ya estaba cansada de estar triste frente al escritorio, cuando de pronto noté que ya era la hora en que los señores y el muchacho se metían al cuarto y comenzaban su ritual, así que fui a verlos, y ahí estaban los tres con su vela encendida, todos de rodillas, la señora con un amuleto en sus manos decía una frase y ellos le contestaban en coro, yo quería participar de alguna manera, en esos momentos podría ofrecer mi vida por é, pero al no entender que era lo que estaban haciendo, solamente se me ocurrió acercarme a ellos, de manera muy respetuosa asus creencias, fui con cada uno de ellos, y les bese las manos, era mi manera de decir que yo estaba con ellos y sobre todo que yo le mandaba buenas intenciones a él.
Así pasaron los días, ya había pasado una semana, todo seguía igual, él sin regresar, los de la casa bastante estresados y cabizbajos. Pero de pronto recordé que era el día de la semana en que él me llevaba a comer con su tía, yo normalmente estaba encerrada y no me permitían salir, pero ese día justo al mediodía de pronto vi que alguien dejó la puerta abierta, yo estaba segura que sabía llegar a la casa de su tía, y algo me decía que él iba a estar ahí. Así que sin avisar y sin pedir permiso me fui caminando, y justo cuando estaba por llegar a la casa de la tía de pronto el señor me vio pasar cuando iba en su auto y se sorprendió mucho, era el primer día que salía de su casa también, luego de haber estado encerrado. Al verme me llamo, me regaño por haberme salido sin avisar, me subió a su auto y me regreso a la casa, yo opte por volver al rincón de la computadora, donde seguía con mi martirio de solamente ver los días pasar sin tener noticia alguna de mi amo. Afortunadamente con el paso de los días todos se fueron tranquilizando un poco y eso me hacía pensar que él estaba bien. La segunda semana marcó la llegada del otro muchacho que antes también vivía con nosotros y junto con la señora y el otro muchacho comenzaron a salir más sus semblantes conforme pasaban los días se fueron calmando, hasta que luego de doce días uno de los muchachos se despertó y me prometió que ese día regresarían con él. Las horas fueron largas, como había sido todo este tiempo, pero cuando estaba entrando la tarde de pronto se escuchó un auto, yo salí de inmediato, y ahí estaba él, la señora me detuvo y me explicaron que debía de ser muy cuidadosa pues él aún estaba delicado, yo quería brincar de alegría, pero no podía. Todavía venía en su silla con ruedas, yo le llene de besos su mano, él me hablaba y repetía mi nombre: Tuza, Tuza, su voz se escuchaba raro, su cara también se le veía todavía sin expresión, yo le daba más besos en su mano, pero lo deje pasar pues parecía que quería descansar. A partir de ahí, nos movieron de cuarto, unos días yo me tuve que quedar con los otros muchachos quienes se turnaban la cama y a mí me dejaban la otra, hasta que un buen día me permitieron quedarme con él para cuidarlo en la noche, yo dormí en el sillón, pero no me importaba, pues también era cómodo. Mi ojito siguió molestándome, pero ahora era él quien me ponía las gotas y las curaciones, a mí no me importaba pues yo era feliz de tenerlo aquí con nosotros y de que me hiciera cariños luego de curarme. Con el paso de los días se fue poniendo mejor, comenzó a moverse, e incluso volvimos a salir a caminar por las noches, hasta un día me llevo a casa de su tía a comer, y él se fue andando en la bici. Su rostro, le tomo más tiempo volver a tener las expresiones de antes, incluso creo que ahora tiene nuevos gestos, pero lo más importante es que volvimos a estar juntos para querernos todo el tiempo que nos dure la vida.
LA TUZA.
Septiembre 2021.
David Herrera El González. SR.

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